Retratos de Damarys González

Galería en penumbra


El poema, igual que un retrato, es una expresión que selecciona intuitivamente algunos elementos y confía en la posibilidad de sugerir con ellos el área no revelada de la imagen; es el intento de hacer visible aquello que se ha percibido, anclándolo mediante un conjunto de signos que corren el riesgo de exaltarlo o degradarlo. Se puede transferir a un papel la última línea de una conversación interrumpida y remarcar el rostro hasta que responda a las viejas preguntas que le hacemos. Algunos Retratos conservarán la expresión ingenua de los que partieron engañados, otros huirán hacia el interior de sí mismos estrellándose contra todas sus puertas. 

Este poemario, el quinto en mi producción, reúne un conjunto de figuras en claroscuro, algo así como una exposición de cuadros resuelta mediante versos trazados con tonos intensos y difuminados que pretenden registrar los matices de las situaciones que originaron esas figuras; son Retratos que han permanecido en mi memoria bajo una luz que, desde cierto ángulo, transparenta la piel y revela marcas de hierros candentes veladas por el tiempo. 



Cada persona me ha dejado una huella, y es en ese orgánico laberinto digital que queda impreso en todo lo que toca, en todos sus actos, que intento hilar algunos versos y fijar con ellos en la página aquello que ya está grabado en la correa giratoria de la experiencia. Es así como se ha convertido en libro esta serie de traslados al papel de los trazos definitivos que seleccionó antes la memoria: ese soporte en el que la emoción graba un rasgo y lo perpetúa. También he retratado aquí personas que apenas rocé con la mirada en algún escenario cotidiano. La mayoría permaneció inocente del registro; solo los muertos notaron que yo los retrataba, nada se puede ocultar a la memoria de los muertos.



Se adentra el lector en este libro como en una galería y encuentra que solo algunos rasgos se acentúan en uno que otro verso, como si la autora de estos retratos prefiriera eximirse de confesar identidades o rendir cuentas. Muchas figuras fueron, de modo consciente o inconsciente, escogidas en el interior de las sombras; allí donde hay que graduar la mirada para reconocer las facciones, y ambos, retrato y retratista, corren el riesgo de volverse invisibles e incomprensibles; sin embargo, le queda al lector la disyuntiva de palpar, de intuir, de investigar más allá de lo que quedó plasmado. 

Una vez avanzada la lectura de estos Retratos aparecen dos poemas livianos que sobresalen de la superficie: una cariátide sostiene una ofrenda de sonidos, una inquieta mirada de ave se aleja del nido formado por la trama de finos pliegues del viejo párpado. Se agita un enérgico cardumen de asombros alrededor de esos dos poemas que son como pequeños faros, tal vez esperados -por los lectores y por mí- para poder reconocer alguna ruta desde donde emprender el retorno. 



Damarys González Sandoval

7 de enero de 2015