Puta Cola de Minerva Reyes Rojas


Prólogo


Cuando leí este libro me imaginé en la pepa de sol, soportando los comentarios de la gente, las cabezas moviéndose como suricatos pendientes de la mujer que llegó preguntando cuál era la punta de la cola, una excusa que le sigue a colearse descaradamente, y los insultos para quien la dejó colearse y la care´tabla que ahora se instala con un deje de orgullo por haberse salido con la suya. Pero un momento, no crean que este es un libro con el que van a pasar arrechera, no señor, o señora, o señorita, este es un libro bien escrito, lo hizo una persona que sabe lo que hace cuando de crear historias se trata, se ha metido en la poesía donde ha inmortalizado hermosos versos, ha escrito cuentos muy buenos que le han merecido unos cuantos premios, tanto en literatura para adultos como para niños, ahora se mete en algo que ella siente, porque es una mujer que está en el medio, regresando de su trabajo o yendo a él, o asomándose a la ventana ve esas colas, ve lo sabrosa que es la gente para intentar salirse con la suya, el vivo bobo como le llaman. Entonces estos cuentos no son necesariamente de una puta cola. Son varias historias entrelazadas en la puta cola que la gente vive, por ejemplo podemos ver a la mujer que pasa trabajo para conseguir sus víveres mientras en la casa el típico marido –que me imagino con una barriga cervecera- le arma su peo porque no hay café o harina, o azúcar, pero no es solo que la mujer se va a pasar roncha a una cola, es la transformación psíquica de la mujer, que es una emoción que nos toca, porque en cierto modo es una ironía a lo que es la mujer, o a lo que le toca ser, porque es bien jodido ser mujer en Venezuela.

Hay un amor de liceo en una cola, la viveza de un hembrón y la inocencia no tan inocente del liceísta calenturiento, vemos un amor de oficina con la cola como telón de fondo, o el cuento hermoso de un hada que no podía tener hijos y vino a la tierra a por uno, la autora adornó casi poéticamente un hecho tan aberrante en una historia mágica pero realista. Nos topamos con el típico coleón, o la bachaquera de bodega, o la que no hace cola porque primero muerta que bañada en sangre. Ente otras historias intrínsecas, historias dentro de la historia que se cuentan en una sola línea pero nos hace recordar lo jodido que es comprar un paquete de papel “tualé” en el país. 

Este libro puede nos haga reflexionar, aunque no está escrito para eso, es más una catarsis, un rato ameno, o es más un libro que como dice la dedicatoria, lo lea mientras hace la cola, léalo, ríase un rato con él, o arrechese, busque identificarse con alguno de los personajes y despreocúpese por la señora que veinte personas más adelante se está coleando, total la vida es una sola y para irnos no tenemos que hacer cola, porque la puta muerte es lo único que no escasea en este país.