Extracto de El niño que fui de Manuel Cedeño


Monstruos de la Oscuridad
La luz del farol ubicado en la entrada del estacionamiento del edificio iluminaba el techo de mi habitación en medio de la oscuridad. El haz de luz se desmembraba al dar contra las romanillas de mi ventana y entraba en mi habitación de manera discontinua, formando en el techo una escalera de luz blanca.
La escalera no se quedaba fija, sino que se movía, los haces de luz se apagaban y se prendían intermitentemente, o se distorsionaba según el haz fuera interrumpido o afectado por la luz de algún auto que entrara o saliera del estacionamiento del edificio. 
Era sólo luz blanca en mi techo, pero parecía que en medio de la noche oscura cobrara vida, y su reflejo me permitía ver el adorno gótico que tenía la pequeña puerta del chifonier de madera que estaba ubicado en frente de mi cama. 
El adorno era una figura abstracta que consistía en dos ramas cargadas de hojas, las ramas arqueadas formaban entre ellas un círculo dentro del cual también había hojas pequeñas, todo esto era de madera en relieve, color marrón igual que el chifonier pero más oscuro. 
Dichas ramas que el pequeño niño de cuatro años observaba fijamente tan bien como la poca luz que entraba a la habitación se lo permitía, parecían aparecer y desaparecer intermitentemente, tal vez efecto de la luz, o del sueño. 
El pequeño aspi golpeaba suavemente la pared azul (que a esa hora se veía negra) con la punta de su dedo produciendo un sonido acompasado a espacios iguales unos de otro, tal vez para romper el silencio, tal vez para sentir que tenía algún poder, poder de producir algún sonido, pero poder al fin. 
De repente las hojas del adorno gótico del chifonier se movieron al mismo ritmo de los golpecitos en la pared. ¿Qué? ¿Es esto posible? ¡No!, pero sucedió. Mejor me relajo y observo con más atención. Un carro entra, la escalera hace su juego, el sonido de los golpecitos sigue y... creo que se volvieron a mover las hojas.... ¡Esa hoja se está moviendo ahora mismo! ¡Dios mío! Desapareció, se sumió en la oscuridad. ¿Habrá una pequeña criatura escondida detrás de la puerta del chifonier? No, ¡no puede ser! Pero si dejé de golpear la pared y ¡alguien la golpeo una vez más! 
Algo está pasando aquí, y tengo miedo. Mi cuarto está en penumbras y estoy solo en él, pero estoy seguro de que no estoy solo, hay presencias extrañas aquí. La escalera se mueve sin que haya entrado ningún auto, la figura gótica desaparece unos segundos y tengo que espabilar varias veces para que vuelva a aparecer, creo que voy a decirle a mi papá a ver si él me cuida, tengo mucho miedo. 
Cuando me voy a levantar pienso en unos seres vivos que igual que los monstruos de la oscuridad, están allí en mi cuarto, todos juntos jugándome una broma pesada, salen en la noche, estos terribles seres son insectos rastreros color marrón, alas marrones inútiles y grandes ojos negros en forma de manchas ovaladas. Me dan mucho asco... y miedo. De manera que cuando me voy a parar para buscar a mi papá, me detengo abruptamente antes de poner los pies en el frío piso para buscar mis pantuflas. 
No, no puedo hacerlo, debe haber una cucaracha allí junto a mis pantuflas con sus grandes manchas negras a manera de ojos, sus antenas asquerosas y sus alas inútiles, allí abajo esperando por mí para subirse a mis pies a penas toquen el piso. 
No puedo hacer esto. 
La escalera sigue moviéndose y ya no pasa ningún auto, alguien golpeó la pared levemente, estoy casi seguro, lo escuché y la figura gótica del chifonier se ha transformado en la cara de un viejo con una sonrisa burlona. 
No soporto más, es ahora o nunca, brinco al piso y busco mis cholitas, por suerte las hallo antes de que me hallara a mí una cucaracha, y voy al cuarto de al lado donde duermen mis bellos y jóvenes padres. 
Aún no sé conversar, aunque ya sé leer, no sé cómo explicarle a mi papa todas las cosas que están sucediendo en ese mismo momento en el cuarto contiguo, pero puedo decir algunas palabras, de manera que lo toco para despertarlo: 
Papá, tengo miedo 
Es todo lo que alcanzo a decir. 
Mi papá se levanta, tal vez tenga sueño pero es alto y fuerte y yo sé que los monstruos de la oscuridad no resistirán su presencia. 
En efecto, entramos en el cuarto. (sin prender la luz) y el cuarto está en paz: la escalera de luz se mueve solo si entra o sale un auto, nadie golpea la pared y en la puerta del chifonier está nuevamente la figura gótica, ya no el viejo burlón. 
Puedo cerrar mis ojos y relajarme porque yo sé que no hay monstruo ni real ni imaginario que se atreva a tocarme si papá está cerca... Zzzzz.