Nombre de mujer de Juan Páez Ávila



De regreso de La Habana, Isa Montes fue recibida en un aeropuerto clandestino en las inmediaciones de la llanura de Carohana por Levi Rondón, antiguo compañero suyo de una célula del Frente de Liberación Nacional (FLN) y del Frente Guerrillero Simón Bolívar, que operó durante varios años en la Cordillera de Los Andes hasta su aparente extinción. Rondón se había acogido a una política de paz, presidía una Organización No Gubernamental (ONG) Luchadores por la Vida, pero conservaba una excepcional amistad con quien había ascendido a Segundo Comandante de la Guerrilla, cuando él decidió abandonar ese tipo de lucha y recibió su anuencia y protección armada, ante la amenaza de muerte por parte de uno de sus compañeros que lo acusó de traición a la revolución. Conservaban esporádicos contactos más amistosos que políticos, aunque no dejaban de intercambiar informaciones sobre la situación económica y social del país. Levi era la única persona ajena a la violencia, que sabía de sus andanzas político-militares, aunque ya no las compartía. Isa confió en su lealtad personal hasta que se vio obligada a romper toda relación con él, para protegerlo de alguna imprudencia que pudiera filtrarse incluso por algún correo electrónico. 

Levi la reconoció cuando salía del avión su pequeña maleta en la mano izquierda, por su elegancia juvenil de otros tiempos que todavía conservaba, y por el porte marcial, del cual no podía desprenderse, en el caminar. Al encontrarse se abrazaron como viejos amigos, hermanados en la distancia por la admiración y el respeto mutuos que lograron preservar por el valor que ambos asignaban a la decisión discrepante que habían tomado en momentos cruciales de sus vidas. Caminaron hacia un estacionamiento improvisado del aeropuerto y abordaron un viejo pero confortable Jeep que Rondón utilizaba en sus incursiones en las barriadas pobres de Carohana, ciudad en la que se había residenciado para luchar por el derecho a la vida de los más humildes, y se lo ofreció a Isa como el transporte del siglo.

— Me gusta tu vehículo —le expresó Isa cuando comenzaban a recorrer una larga carretera de tierra en búsqueda de la autopista hacia Caracas—. Me parece que debe resultar insospechable a la policía  que transportas a  una guerrillera, actividad sobre lo cual no debo darte mucha explicación, como no te la pediré acerca de la tuya, dejando a nuestra imaginación comprender lo que cada uno hace y puede hacer mediante formas distintas de lucha, por un mismo objetivo.
— Todavía comprendo las reglas de la clandestinidad y no voy a exponerte a que digas lo que no debes, lo que sólo tú debes conocer. Mis actividades son absolutamente legales  y te las puedo detallar cuando quieras y dispongas de tiempo, porque por ahora debo llevarte a algún lugar seguro, o por lo menos a su cercanía.
Avanzaban sin tropiezo alguno y al acercarse a la autopista Valle-Coche,  donde se bifurcan las vías hacia el oeste o el este, si no decides seguir hacia el sur de la ciudad, Isa le contestó:
— Yo confío en ti, y si no te comprometo me asilas o alojas en tu apartamento por dos días, sólo para dormir, traigo un contacto del gobierno cubano, William, perteneciente al G-2, que tiene el control de, o influye determinantemente en,  algunos de los estudiantes de la Universidad que forman parte de los círculos revolucionarios armados. Me gustaría conocer sus planes, su formación política, en La Habana me hablaron  de sus potencialidades para formar un gran ejército de liberación nacional.
— Conozco a muchos de ellos, aunque más a los que se dedican a la lucha social, a quienes encontramos con frecuencia en algunas barriadas pobres o se acercan a nuestra ONG  pidiendo orientación. Trataré de localizar tu contacto y tendrás fácil acceso a los círculos armados, entre quienes es seguro  que vas a encontrar algunos soñadores –que comienzan a soñar, mejor dicho—  con la revolución socialista en América Latina.
Levi pensó que Isa se podría sentir ofendida o por lo menos aludida y trató de corregir lo expresado: — Me refiero al comunismo en este subcontinente.
— No trates de evitar nuestra polémica, porque tú corres los mismos riesgos luchando por una revolución pacífica. Cuando avances en la organización del pueblo y este adquiera conciencia de la necesidad de tomar el poder, tú serás la primera víctima de la represión de las fuerzas opuestas al cambio, de los agentes del Imperio —le respondió Isa.
Levi sonrió y le respondió que a lo mejor tenía razón, que celebraba el encuentro y buscarían algunos momentos de su paso por la ciudad para profundizar el debate, que quería atenderla en lo personal y ayudarla a alcanzar alguno de sus objetivos. 
— Esta es la dirección de William, que seguro es un pseudónimo le expresó Isa y le extendió una pequeña hoja de papel. — Cuando puedas me llevas hasta la entrada del edificio, me dejas allí y después que yo hable con él y me ponga de acuerdo en lo que vamos a hacer de inmediato, le hablo de nuestra amistad, dónde vives y lo traigo a tu apartamento
— De acuerdo. Yo vivo en Carohana, una ciudad fronteriza  con Colombia, pero en Caracas llego  al  apartamento No. 1 de este pequeño edificio al que estamos arribando. No es muy confortable, tiene una habitación grande en la que tú dormirás, mientras seas mi huésped. Yo lo haré en el sofá cama que adorna la sala comedor.
— De ninguna manera, Levi, yo estoy acostumbrada a dormir donde esté más cerca de una vía de escape. Dormiré en el sofá que está más próximo al balcón y a la ventana por donde puedo saltar en caso de que nos hayan seguido y se produzca un allanamiento.
Rondón volvió a sonreír, pensó que era una orden de su antigua comandante.
— Como tú ordenes o decidas, muévete en el apartamento como mejor te parezca. Este es el baño y esta la cocina — le comunicó mientras caminaba con la intención de preparar un café y ofrecerle algo de comer.
— Primero el café —le expresó—  porque me recuerda los cafetos de la montaña, a la que pienso regresar en pocas horas o días, dependiendo de la conversación con los miembros de los círculos revolucionarios que William  ponga en comunicación conmigo.
Isa se acercó a la nevera y sacó un par de huevos, varias rebanadas de pan, queso y jamón. Caminó hacia la cocina y le expresó a Levi:
— Déjame preparar esta pequeña cena. Para mí es suficiente la mitad de esto, sigo en dieta desde que me incorporé a la lucha guerrillera en la Cordillera de Los Andes, aunque baje a la ciudad. Tú te ves muy bien, pero si quieres aumentamos la cantidad.
Levi no hacía mucha dieta, pero las caminatas en los barrios y campos de Carohana lo mantenían en forma, ni gordo ni flaco, se desplazaba con gran agilidad.
— Para mí también es suficiente. Terminamos y nos sentamos a la mesa. Quiero saber algo acerca de tu vida, no de las actividades que te puedan comprometer y que necesariamente debes reservarte.
— Parte de  mi vida personal tú la conociste cuando éramos jóvenes y  militábamos en una misma célula del FLN. Era y sigo siendo muy disciplinada, pero he cambiado en cuanto a cumplir órdenes políticas con cuyo contenido no estoy de acuerdo. En ese aspecto no soy leninista. En Cuba discutí con varios camaradas acerca de sus concepciones sobre la guerra de guerrillas. Sostenían que Fidel no estaba de acuerdo con las FARC porque se habían contaminado con el narcotráfico y eso lo había llevado a no creer en el movimiento guerrillero. Me negué a aceptar ese criterio por generalizante. No he transigido ni transigiré con el tráfico de drogas, ni siquiera con el simple consumo. Te lo digo porque ya esto no es secreto, condicionaron  respaldarme si yo no caía en ese abominable delito. De nada valieron 20 años de lucha en las montañas andinas, que probaban mi conducta revolucionaria.
— ¿Qué piensas hacer?
— No podrán doblegarme, mucha gente confía en mí y me esperan en la montaña, regresaré sin muchos recursos logísticos dispuesta, primero, a solicitar ayuda de la Guarnición de Carohana, y de no  obtenerlo, lograr autoabastecernos lícitamente.
Levi la miró al rostro  y recordó las circunstancias  en las que la vio actuar en los momentos  más críticos que atravesaron en el Frente Guerrillero ante el inminente peligro de los cercos militares y su disposición a romperlos.  Dedujo que se trataba de una decisión intransigente, casi heroica, y aunque la veía al borde de la locura y de la muerte, sabía que era imposible intentar hacerla cambiar de sus ideas y de sus planes subversivos. Él la había acompañado y ambos, y gran parte de su tropa, habían salido con vida. Por momentos dudó de haber perdido el coraje de otros tiempos, pero de inmediato reflexionó sobre las razones que lo habían llevado a abandonar la lucha armada y recobró  la firmeza de sus ideas, incompatibles con el sueño utópico de Isa.
— Seguimos sin compartir las formas de lucha para alcanzar la liberación nacional, pero no debemos repetir el debate que escenificamos en la montaña. Por respeto a tu pensamiento, hoy mismo buscaremos la dirección de tu contacto. 
— Deberíamos hablar de  nuestras futuras batallas, tú estás involucrado en las mismas aunque por otra vía, posiblemente tengamos un mismo final. ¿Quién lo alcanzará primero? No lo sé. Creo que tú tampoco lo sabes.
Levi Rondón pensó que Isa deliraba, pero no podía negarse a colaborar con ella, cualesquiera fuesen los peligros. Recordó que algunos de sus compañeros que se habían acogido a la política de paz democrática, le comunicaron que sus armas las dejarían en la montaña, para cuando decidieran retomar el camino de la guerra de guerrillas, que podría indicarle aproximadamente dónde estarían escondidas o enterradas, pero se arrepintió en medio de una gran incertidumbre. Tal vez más adelante. Se levantó de la silla,  tomó en sus manos algunos platos e invitó a Isa a descansar mientras él regresaba después de localizar la dirección del G- 2 cubano.
— Yo sé que no tienes tiempo que perder, acuéstate en el diván o en la cama, lee el periódico o ves la TV, como te plazca. Voy a precisar la dirección de William. En menos de una  hora debo retornar. 
Isa se sentó en el diván, tomó un periódico que encontró en una mesita colocada en el centro de la sala y comenzó a leer la primera página, cuyo titular principal se refería a un grave atentado en Irak, calificado de acto terrorista ejecutado por milicianos partidarios de Al Qaeda. Leyó otros titulares pero fue vencida por el cansancio de varias horas de vuelo y se quedó dormida. Soñaba que William se reunía con varios estudiantes que se manifestaban eufóricos cuando les informó que una Comandante que venía de Cuba tenía interés en establecer contacto con jóvenes revolucionarios de los círculos bolivarianos armados. No se había despertado cuando oyó que giraba la cerradura de la puerta, abrió los ojos y vio que entraba Levi, como siempre, muy risueño.
— Todo confirmado, es un pequeño edificio situado en la 4ª. Avenida de los Palos Grandes. Noté cierta vigilancia en sus alrededores, pero espero no tengamos problema en estacionarnos al frente mientras te bajas de mi viejo Jeep, y si es necesario te identifiques como enviada de Fidel
Isa se sentó en el diván e iba a aclararle a Levi que ella no venía de parte de Fidel Castro, pero pensó que el máximo y verdadero dirigente de la revolución era el líder cubano.
— ¿Cómo crees que sea la primera reacción de los miembros de los círculos bolivarianos armados?
— Cómo en nuestro tiempo juvenil, dispuestos a incorporarse a una lucha dirigida por el Comandante Fidel, conquistar Latinoamérica y el mundo.
Isa Montes volvió a reflexionar acerca de la ambigüedad en el mensaje que le transmitía Levi, pero dedujo que podría resultarle muy atrayente para incorporar a decenas o centenares de estudiantes a la guerrilla.
— Gracias, Levi, yo les aclararé lo que piensa el Comandante Fidel en torno a las FARC y al movimiento guerrillero en general, y que sólo recibiríamos su anuencia si no caemos en el terrorismo del secuestro y en el narcotráfico.
Levi pensó en el destino que había encontrado el Ché Guevara y lo que podría esperar a Isa y a los jóvenes revolucionarios que la acompañaran en una aventura que creía inviable y mortal para sus protagonistas, pero como eso lo había planteado en el Frente Guerrillero Simón Bolívar cuando se produjo un debate sobre la viabilidad de la lucha armada, que lo llevó a él a acogerse a una política de paz democrática, e Isa Montes lo sabía, creyó prudente  no repetir sus argumentos.
— Todo en orden, mi Comandante —le expresó sonriente—. Si no dispones otra cosa podríamos dormir.
— Tú no eres mi subalterno, pero vamos tratar de dormir. Después de la reunión de mañana seguiremos intercambiando impresiones e informaciones sobre nuestras vidas —respondió Isa; entre ambos convirtieron el diván en una cama y se acostó complacida de los resultados de su primer paso para volver a la montaña.
Isa se dormía y despertaba con frecuencia, hasta que vio el amanecer que penetraba por la ventana de la sala. Se levantó, arregló el sofá  y se dirigió a la cocina a hacer café. Levi también se levantó  y ambos prepararon el desayuno. Ya sentados alrededor de la mesa, Isa expresó que no había dormido muy bien, pero como no había perdido la costumbre de levantarse muy temprano, como se establecía en la guerrilla, estaba despierta desde las 4 de la mañana, que soñaba con una gran marcha revolucionaria por el subcontinente latinoamericano. Levi no dejaba de sonreír. — Pienso que tú también sueñas con una marcha pacífica.
— Parece que estuviéramos condenados a ver el mundo con prismas distintos, desde lugares diferentes, como lo ha debido  percibir Tolstoi cuando escribía Guerra y Paz — le dijo Levi.
— Pienso que todavía no se puede escribir sobre la guerra y la paz en nuestro continente, no ha empezado la guerra y por lo tanto no ha sido derrotada. Predomina la paz de los excluidos, de los sin voz, de los cementerios.
— Comprendo, Isa, que esa es una realidad en esta parte del mundo, pero el camino que otros han encontrado para revertir tanta atrocidad no ha sido la guerra, ni siquiera las victoriosas, porque a los años o décadas han vuelto a transitar los senderos de la convivencia humana.
— Lo que me parece, Levi, es que nuestra  existencia ha transcurrido en una encrucijada difícil, en la que sólo perdura la amistad. Yo he perdido casi todos mis compañeros de lucha política, con la excepción de mis amigos.
Ambos hicieron silencio y cavilaron por segundos o minutos, coincidieron en levantarse de sus respectivas sillas y disponerse a salir hacia Los Palos Grandes. Isa le pidió que la dejara a unos 100 metros de distancia del edificio donde estaba residenciado William. Caminó por la acera que la conduciría a la entrada del mismo, seguida muy de cerca por un hombre de mediana estatura, vestido de flux y corbata, quien se le adelantó a la puerta del inmueble y le preguntó hacia donde  se dirigía.
— Busco a William Ezcarrá.
— Si es tan amable y se identifica —le expresó en acento cubano el hombre que vigilaba el lugar, e Isa comprendió que se trataba de alguien relacionado con la persona que buscaba.
— Amalia del Río. Yo no soy cubana, pero traigo un mensaje para William.
— Yo soy funcionario de la Policía Nacional y llamaré a William.
El miembro de la policía política llamó a William por su celular y le participó que lo solicitaba Amalia del Río. Inmediatamente recibió órdenes de que la subiera y acompañara hasta la puerta del apartamento.
— Sígame —le comunicó a  la inesperada visita.
Una vez en el interior del apartamento Isa le extendió la mano a William y le comunicó que venía de parte del Ministro del Interior y tenía urgencia de entrevistarse con alguno de los círculos bolivarianos armados, cuyos miembros estarían dispuestos a formar parte de un Destacamento Guerrillero en la frontera con Colombia, independiente de las FARC y del ELN.
— Yo tengo instrucciones de recibirla y ponerla en contacto con los más aguerridos combatientes de los círculos revolucionarios, pero antes, por razones que usted comprenderá debo hacerle algunas preguntas.
— Ud. dirá.
— ¿Necesita alguna protección personal?
— No. Tengo viejos contactos que me han respaldado durante años en mi lucha revolucionaria, gente que cree en mi honestidad y me han sido leales a toda prueba.
— Entonces no debo preguntar más nada, salvo ¿cuánto tiempo piensas estar en Caracas?
— Horas o días, dependiendo de las respuestas de los miembros de los círculos bolivarianos y de alguna logística mínima que logre levantar.
— Todo eso lo tendrá después que se entreviste con los camaradas con quienes va a conversar en pocos minutos u horas. Uno de mis escoltas la llevará al Círculo Militar donde se reunirá con varios estudiantes universitarios, Patria o Muerte, que nos han manifestado su decisión de formar parte de un frente guerrillero. Usted no me conoce, yo estaré mudado de aquí en dos o tres días. Hábleles a nombre del Comandante en Jefe, para lo cual está autorizada y ellos lo saben de antemano.
Isa fue llevada hasta el sótano del edificio donde la esperaba un escolta del G- 2 en un automóvil color negro y un conductor al volante. Partieron para el Círculo Militar y en pocos minutos estaba  frente a varios jóvenes que la esperaban con entusiasmo y firmeza para formar parte de su proyecto revolucionario. 
— Me han hablado muy bien de ustedes. Yo vengo a nombre del Comandante en Jefe, no a convencerlos a ustedes, porque sé que están contentos  en que formemos un Destacamento Guerrillero en la frontera con Colombia, muy cerca de una ciudad denominada Carohana, desde donde recibiremos apoyo militar y logístico hasta que logremos autoabastecernos. Para este tipo de lucha se requieren voluntarios. No me extiendo en explicaciones porque ustedes conocen los objetivos, la táctica y la estrategia para alcanzarlos. Me gustaría oírlos a ustedes.
Diez jóvenes se levantaron y dieron sus nombres:

Edmundo Ramírez
Juan Gutiérrez 
Daniel Cuenca
Raúl Camargo
Manuel Chirinos
Aníbal Mujica
René Rosas
Pedro Alcalá
Ernesto Díaz    
Elio Álvarez

Isa Montes pensó que entre ellos estarían futuros comandantes, los felicitó y los invitó a prepararse para partir cuando dispusieran del transporte adecuado que los llevara hasta la Frontera.
— Usted dispone ya de un autobús de la Guardía Nacional que los transportará hasta donde usted lo indique.
— Saldremos mañana en las primeras horas, traigan un pequeño morral con una muda de ropa, cepillo y crema dental, zapatos cómodos para caminar aunque en la montaña les suministraremos botas y uniformes de campañas. El que tenga arma blanca o de fuego la trae, será útil aun cuando reciban un fusil de guerra. Nada de despedidas sentimentales con novias o familiares. Todos van a una misión muy importante del Comandante en Jefe. El regreso será victorioso pero no se puede anunciar. El que llegue después de las seis de mañana se quedará con el secreto de que los demás partimos hacia la guerra de guerrillas, y tendrá que someterse a interrogatorios y vigilancia por parte del G-2.
Edmundo Ramírez se colocó al frente de Isa Montes y le expresó:
— No fallaremos ninguno. Esperábamos este momento y un comandante que nos guíe,  sabemos de sus andanzas y experiencia, su sueño es nuestro sueño. Volveremos victoriosos. Patria o Muerte. Venceremos.
Isa lo felicitó y el Br. Ramírez se despidió con el saludo militar que había ensayado. Cuando Isa se disponía a retirarse se le acercó el escolta de William y le comunicó:
— Llegarán a la Guarnición de Carohana donde recibirán el armamento y la logística necesaria, un baquiano de la zona, reservista y hombre de confianza del Coronel Vergara, Comandante de esa Guarnición. De allí partirán hacia una zona de entrenamiento. Lo demás, el futuro de la guerrilla,  quedará bajo su responsabilidad.
Isa Montes comprendió que si bien no dependería de la FARC ni del ELN, mantendría algún vínculo político- militar con la Guarnición de la frontera. Por experiencia sabía que su independencia dependería de su capacidad y fortaleza para organizar un poderoso  Frente Revolucionario de Liberación Nacional. Le agradeció la información y pensó que la receptividad no podía ser mejor. Tenía en sus manos el germen de un Destacamento Militar y seguramente de un Ejército Bolivariano de Liberación Nacional y continental. Le pidió al escolta que la dejara en una línea de taxi cercana.
— No se preocupe. Mientras esté en la ciudad estará bajo nuestra vigilancia, aunque usted le manifestó a William que tenía contactos confiables, su seguridad depende de nosotros hasta que llegue a la Guarnición de Carohana. Ya sabemos dónde llegó, conocemos a Levi Rondón, es un luchador social pacífico que abandonó la lucha armada, la recibió en uno de los más seguros aeropuertos clandestinos que controlamos, es su amigo, pero la revolución exige algo más. Usted lo sabe. La dejaré frente a su apartamento y la recogeré a las 5 y 30 de la mañana. Y aunque usted conoce todas las reglas de la lucha armada, tengo instrucciones de comunicarle que Rondón no debe saber hacia dónde se dirige, salvo en términos generales porque él también conoce esas reglas. Todas las ONG están sometidas a investigación, porque a algunas las financia el imperialismo. Que tenga éxito, se lo repetiré mañana.
Isa Montes descendió del vehículo, ingresó al edificio Londres y subió al apartamento de Levi, quien la recibió con una botella de vino blanco y una modesta comida servida en la mesa de la sala- comedor.
— Bienvenida. Todo esto es para que pruebes mis gustos personales, antes de que te vayas.
— Muchas gracias, Levi —se le acercó y lo besó en mejilla—. Debo salir mañana a las cinco y media. ¿No viste el vehículo que me dejó enfrente? —Levi hizo un gesto negativo con la cabeza. — Creo que he logrado mi primer objetivo sin exponerte por tu hospitalidad. Traté de venirme en taxi, pero ya ingresé al engranaje de la próxima guerra de guerrilla que se librará en la Cordillera Andina, como era el sueño de Fidel y del Ché, y no me permitieron desplazarme por mis propios medios.