UNA FIESTA Cuento de Navil Naime #YOCUENTOUNCUENTO

     

 El loco despertó sobresaltado. Un coro de voces desentonadas destruía la paz de la medianoche. La luz de las farolas manchaba débilmente el pavimento. Un reborde de luna se asomaba entre dos nubes y luego se escondía. Debajo del ruido, el silencio respiraba.
 El loco se aproximó tímidamente. Seis personas festejaban. La oscuridad les había tragado los rostros. El líquido amarillento de los vasos les espesaba la voz. Una rubia bulímica lo descubrió a lo lejos. Sus ojos y sus cejas eran transparentes. Dijo en un tono demasiado elevado: «Que comience el festejo. Ha llegado nuestro último invitado.»
  Una estrella se asomó a un lado del reborde de luna. Titilaba frenética, como un escozor. El bullicio opacaba las farolas y dejaba manchas en el cielo. El loco se incorporó abruptamente al grupo. Los miraba desde el pasado. Escuchaba sus voces circulando en el aire espeso de la madrugada. El ruido desgarraba sus harapos y pendía de su barba. El novio de la rubia miró al indigente con aprensión. Dudó antes de sujetarlo por un brazo. Su mano derecha en los harapos se contagió de locura. Tiró de él con tal fuerza que lo lanzó contra el piso. De bruces en el asfalto, el mundo se le puso de revés.
  Nadie dijo nada. Las farolas estaban  ruborizadas de vergüenza. La luna se ocultó detrás de las nubes, y estas, detrás de la oscuridad. La estrella dejó de titilar.
 Apenas logró incorporarse ensayó una desastrosa sonrisa. El resultado fue un rictus sardónico que le desfiguró el rostro.
  Lo vieron alejarse pausado y claudicante. La noche se hizo más lánguida y profunda.
  Echado otra vez sobre su sombra, el loco se quedó meditando: «Me conmueven estos hombres. Qué manera más triste de ser felices».


Navil Naime

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