La jungla del barrio por Marcos Penott


La jungla del barrio por Marcos Penott

Cuánta semejanza natural y presunción evolutiva. Como comportamientos gemelos, hay patrones conductuales que, sorprendentemente, se replican idénticos en la naturaleza como ecos corpóreos de una misma existencia. Al ver gotas de agua, aunque emanen de fuentes separadas y distintas, ante nuestra percepción visual, sería de gran dificultad identificar alguna distinción. 

En oportunidades, suele ocurrir lo mismo en la vida urbana, y en particular, una práctica peculiar en los barrios de la jungla caraqueña. Tal y como lo hacen los leones con sus rugidos, los lobos al exhibir sus colmillos filosos, o los osos al colocarse sobre sus dos patas traseras; entre la juventud de estas barriadas, es costumbre ejercer ciertos roles o ejecutar “hazañas”, para llamar la atención ante el sexo femenino, o destacar frente al resto de la “manada”.

“Yo soy el más…”; “tú no eres nadie”; “Aquí el más (el peor)... soy yo”. Manifestaciones altivas de ésta índole, así como una gran inclinación hacia el uso de todo tipo de improperios, resultan ser el mecanismo más frecuente (y en la mayoría de los casos el más efectivo) entre los adolescentes para descollar e incluso predominar frente a sus iguales. Cuanto más prepotente y amenazadora apariencia revista un joven, mayor es su importancia o dominio dentro del grupo.

Lo curioso de este hábito, no es sólo la vileza, infamia y lo banal del mismo; sino que, además, ante una prueba de fuego de valentía sobre las cualidades que aseguran poseer estos presuntos alfas, es notable que generalmente carecen de ellas. En mi tránsito por esas selvas de hormigón, he visto a estos patricios de papel caer al suelo contra el coraje del plebeyo silencioso; a sus bocas repletas de mugre oxidarse ante la esencia de pureza y simplicidad de los taciturnos; la virtud de los omegas.

Henos aquí, en la expresión universal de que la sabiduría de la naturaleza es la única regla que existe y de aplicación cósmica. Una pelea de gallos; una lucha de fuerza natural entre unos y otros, según cada entorno, son las relaciones sociales en cada rincón. Animales, lo que seremos siempre, animales jactados.