Liliana Lara: “Vivir en Israel me ha permitido ver las cosas de otra manera, desde la sabiduría que otorga la distancia, pero también con cierta urgencia”



Después de pasar su infancia en la lluviosa Maturín la narradora estudia en Cumaná y en la actualidad vive con su Familia en Israel, Trampa Jaula es su libro más reciente




Entrevista por: José Miguel Navas.

Instagram: eltercoamor.





—¿Dónde nace la Trampa Jaula de Liliana Lara?

—"Trampa Jaula" nace de "El cuerpo", que es el primer cuento de esta colección de relatos, pero yo no lo sabía en ese momento. Luego me di cuenta de que quería escribir cuentos maturineses, que giraran en torno de una cierta idea de decadencia petrolera, crisis, y sobre todo cierta ruralidad, un poco en respuesta a esa supuesta literatura urbana que dicen que caracteriza a la literatura venezolana contemporánea, pero que a mi juicio ya pasó a ser algo tan aburrido, más aburrido que la ruralidad adrede que caracterizó a nuestra literatura a principios del siglo 20. Las ciudades venezolanas conservan dentro de sí una gran dosis de ruralidad, entonces no sé de dónde viene lo de urbano, centrarse en eso es cortar las posibilidades expresivas de algo que es mucho más rico y plural. Por supuesto que todo esto lo pensé luego de que llevaba más de la mitad del libro escrita. Yo quería escribir sobre Maturín, sobre el "monte y culebra", sobre lo que conozco, que no es ni rural ni urbano sino todo eso al mismo tiempo, sobre cuentos que me contaron mis padres, mis vecinos. Uno escribe sobre las voces que lo habitan, y esas, las que están en trampa-jaula, son parte de mis voces. 


—¿Qué significaron para ti ciudades como Maturín y Cumaná?


— Maturín es una ciudad mítica para mí. La más aburrida y lluviosa de todas las ciudades en las que he vivido, pero la que me dejó marcada porque allí pasé mi infancia y adolescencia, desde los 7 hasta los 18 años. Luego vuelvo a cada rato, pero hace siglos que ya no vivo allí. Uno es de las ciudades en las que crece, no de las ciudades en la que nace o en las que vive de adulto. Qué se le va a hacer!

A Cumaná llegué para estudiar y siempre pensé que escribiría más sobre esa ciudad que fue una revelación para mí porque allí crecí como persona y descubrí las cosas que quería hacer, pero no sé por qué no he escrito tanto sobre Cumaná. Una parte de mi novela se desarrolla allí… (una novela que será publicada en algún momento de este año).


—Los cuentos de Trampa Jaula son un golpe de luz, pareciera estar uno presenciando una película de acción ¿Cómo creas esa atmósfera para atrapar el momento preciso para narrar un cuento?


—Me encanta que te parezca que mis cuentos son un "golpe de luz". Creo que un cuento debe relatar un momento de cambio en la vida de los personajes. El turning point, en lenguaje cinematográfico. Muchas veces mis cuentos narran el momento en el que una persona toma una decisión, muchas veces descabellada, y lo que pasa después no me interesa tanto. El lector debe imaginarlo. Lo que lleva al personaje a tal decisión está más o menos dado en relato, pero no las consecuencias. Un cuento siempre debe dejar espacios en blancos para que cada quien llene a su antojo.


—Estoy intrigado con tu primer libro “Los Jardines de Salomón” Ganador de la XVI Bienal Literaria José Ramos Sucre, aún es un misterio para mí. ¿Qué hay de novedoso en la Liliana contemporánea que no encontramos en tu primogénito?


—No sé qué diferencias hay entre LJdS y TP. Te puedo hablar de las similitudes: ambos libros tienen 7 cuentos, por cuestión de cábala, ya sabes, el 7 es un número de suerte. En ambos hay tres cuentos conectados que juntos podrían ser una pequeñísima novela maturinesa.


—"Miss Baygón" fue un cuento que me impactó de principio a fin, narras la Venezuela de finales de los ochenta y principios de los noventa, tu cuento es un antecedente para entender la Revolución Bolivariana, y cuentas un poco sobre el culto por la belleza y de las mujeres del país, ¿qué te planteaste con el relato?


—A veces uno escribe un cuento pensando en una cosa y es leído de otra manera. A mi me emociona mucho cuando alguien ve en un cuento mío algo que yo no había visto. Esa es la maravilla de la literatura, esa multiplicidad. Y ese cuento en especial mucha gente lo ve según sus vivencias, siempre de otra manera.


Liliana Lara preguntó—Me encantaría que me contaras por qué "Miss Baygón" te parece un antecedente para entender el origen de la Revolución Bolivariana?? Cuéntame!



José Miguel Respondió: —Te respondo con emoción. risas. “Miss Baygón” me llevó a la memoria inmediata de mi Mamá, ella me narraba la melancolía de los Venezolanos de esa época, sus quejas, sus anhelos, había cierto miedo por el futuro de la economía del país, El Viernes Negro, El Caracazo, me decía que la marcaron. Muchos ciudadanos sentían que estaban abandonados por el Gobierno, estaban en la búsqueda de un nuevo discurso, mi Mamá me contaba sobre los constantes viajes que hacían las personas para traer mercancía (perfumes, ropa y cosméticos) de Miami y otras islas del Caribe, las personas del Oriente del país viajaban mucho a Trinidad. Era una Venezuela inconforme. Más tarde vienen mis propios recuerdos, Liliana, los primeros Discursos del Fallecido Presidente Chávez, esa crítica al consumismo Venezolano, el discurso de una estética hacia la transformación social y económica, que muchos aspiraban, tal vez inocentemente como quien anhela un nuevo amor. Pero tu cuento me parece muy actual, ahora vivimos una desolación parecida a la de esos años. Tu relato es el testimonio de una sociedad en evolución, quizás estemos en vía de organizar nuestra conciencia.


Retoma José Miguel la entrevista:—Tus cuentos son un paseo en el tiempo, quizás la melancolía por la Venezuela de los ochenta y comienzos de los noventas, ¿cómo te influyeron esos años en tu quehacer de narradora? ¿Hay algo en ti atrapado en aquellos años?


—Me gusta escribir sobre niños/adolescentes de los 80-90. Será nostalgia, supongo. Una vez dije que escribir es una forma de volver, y a mi me gustaría volver no a Venezuela, sino a mi niñez. Volver a un tiempo y no a un espacio. No porque esa época haya sido mejor o peor, sino porque la niñez es un paraíso perdido, como han dicho muchos poetas. Salman Rushdie dijo una vez que todos somos exiliados de nuestra infancia, ese es nuestro verdadero origen y el único lugar al que en verdad no podemos volver.


Pero en Trampa jaula también hay cuentos que se desarrollan en los 2000. 


—Mientras tu primer cuento “el cuerpo” pareciera ser una crónica del desastre hecho imagen de un País, uno siente estar viendo “Archivo criminal”,  te acuerdas el que pasaban en RCTV, a principios del 2000. ¿cuéntame más sobre este relato?



—Como te dije, "El cuerpo" fue el primer cuento que escribí para este libro. Ni siquiera sabía que iba a ser parte de nada. Lo escribí por encargo a mí misma: había ganado el premio Ramos Sucre con los únicos 7 cuentos que había escrito (todo lo demás que había escrito era pura bazofia, no servía para nada, jajaja) y me dije a mi misma que tenía 10 días para escribir otro cuento porque no era posible que no tuviese nada más. Entonces me puse a escribir, como si fuese un trabajo que hay que entregar. Tenía la historia en una línea: "muere B y su hermano A… etcétera". Y me senté y lo escribí. Visto así, parece mentira que sea el cuento-germen de todo el libro, pero es así: yo trabajo mejor bajo presión.


—Desde 2002 vives en Israel, vaya cambio de geografía. ¿Cómo es tu proceso creador habitando en un país controversial para el mundo por temas religiosos y políticos?


—Vivir en Israel me ha permitido ver las cosas de otra manera, desde la sabiduría que otorga la distancia, pero también con cierta urgencia. También me ha mostrado que en un conflicto hay muchos matices, que las polaridades son inexactas y que todos los discursos tienen fisuras. Mi primer libro lo escribí durante la segunda guerra con el Líbano porque no quería pensar más en lo que estaba pasando. Una manera de escapar. Luego ha habido otros conflictos, mucho más cercanos (yo vivo a media hora de Gaza), en los que no he podido escribir más que crónicas de guerra que he publicado en algunos medios online. La guerra no da para ficciones, sino para crónicas. Pero siempre la escritura alivia.


—¿Has experimentado el miedo?, digo por los atentados constantes al único estado Judío del mundo

—Claro que he tenido miedo de los atentados, o cuando suena la sirena antiaérea porque lanzan un cohete desde Gaza y hay que correr a meterse en un refugio, o lanzarse en el piso con las manos protegiendo la cabeza hasta que deje de sonar o hasta que se escuche la explosión. He sentido mucho dolor por las muertes de lado y lado, por la gente en Gaza sin luz, agua, comida, con sus casas destruidas, por la hija de mis vecinos que fue alcanzada por un cohete Kazam…


Pero también he sentido mucho miedo caminando por calles en Caracas, Cumaná o Maturín, en los autobuses, en las alcabalas, en algunas plazas, en ciertos pasillos de Maiquetía. Y me da muchísimo dolor saber del sufrimiento de la gente en Venezuela que no tiene comida ni medicamentos. Venezuela es también un país en guerra, si se mira los índices de asesinatos, la crisis hospitalaria, el hambre y la desnutrición.


—Quisiera conocer Tel Aviv háblame de la movida literaria de la ciudad, ¿cómo disfrutas la ciudad?


—Yo no vivo en Tel aviv! Pero voy una vez a la semana por trabajo y te digo que es una ciudad espectacular. Hay gente caminando por las calles a toda hora, cafés llenos, museos, restaurantes. Mucha vida a toda hora. Aunque yo no he estado en Ibiza, cada vez que veo las playas de Tel aviv en verano pienso que deben ser como las de Ibiza…jajaja! Un gentío, sol, sombrillas, el mediterráneo en pleno. Cuando voy, me gusta caminar y caminar y descubrir recovecos, tiendas viejísimas, mercados, cafés.


En algunos cuentos del escritor israelí Etgar Keret se puede ver esa Tel aviv maravillosa. A Etgar Keret te lo recomiendo totalmente.


—¿Cuáles narradores contemporáneos Venezolanos has leído y otros escritores que te han influenciado a ti como escritora?

—Yo soy fan total de Rubi Guerra. Sus cuentos y novelas son verdaderos clásicos de la literatura venezolana contemporánea. Para mí, es un maestro.


La verdad es que la literatura venezolana está en un buen momento, hay mucha gente escribiendo y publicando, a pesar de la crisis. Mucha gente está leyendo literatura venezolana dentro y fuera de Venezuela, y eso es importante.


Me gustan muchos escritores venezolanos, pero mis favoritos son Rubi Guerra, por supuesto, Krina Ber, Miguel Gomes, Juan Carlos Méndez Guédez, Victoria de Stéfano, Rodrigo Blanco Calderón. En poesía, Ramos Sucre, Rafael Cadenas, Eugenio Montejo, Jacqueline Goldberg, Dina Piera di Donato.


Yo me siento en deuda literaria con Ricardo Piglia, Clarice Lispector, Roberto Bolaño, Marcelo Cohen, Angélica Gorodischer, Amos Oz, Batia Gur, David Grossman, Mario Bellatin, Agota Kristof, Borges. Al leerlos he disfrutado muchísimo y aprendido tantas cosas!


—¿Cómo percibes la realidad del Venezolano, la crisis económica y social?

—La crisis venezolana me afecta totalmente porque me duele mi país, porque mi familia está allá buscando medicamentos o haciendo colas para comprar alimentos. Cada vez que voy llevo la maleta llena de medicinas y comida, pero no es suficiente. Y estoy hablando de mi familia, clase media ahora empobrecida. Pero es mucho más terrible lo que le pasa a la gente pobre, ahora en pobreza extrema. Me duele que un país tan grande, tan rico, con tantas posibilidades haya sido destrozado por el ansia de poder y la corrupción. Que toda buena intención haya sido empañada por la militancia ciega, por la intolerancia, por el afán de lucro individual… Lo que ha pasado en Venezuela es tristísimo.


Posibilidades de salir de esto hay porque hay gente valiosa, hay recursos naturales, hay ideas. Yo espero que haya un cambio y comencemos a ver la luz pronto. 


—y el final perfecto de Liliana Lara cual seria?

—No me gustan los finales!




Quizás a Liliana no le gusten los finales, porque sus cuentos son un eterno comienzo. En el futuro ella seguramente nos sorprenderá con un gran final.